Viaje al centro de la Historia

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Cantabria es un lugar que tiene mucho que ofrecer. Además de sus playas y gastronomía, culturalmente tiene un gran peso tanto histórico como arqueológico. Dos de las joyas arqueológicas que se encuentran en esta comunidad son por supuesto las cuevas de Altamira y la cueva El Soplao. Hoy te invitamos a realizar un viaje al centro de la Historia.

Cave Paintings

El territorio El Soplao tiene un origen de cultura y tradiciones mineras. Es un término minero que proviene del aire que se percibe al traspasar una galería desde otra con menos oxígeno, de ahí “el soplao”. Esta cueva fue descubierta en 1908 cuando unos mineros perforaron la galería que hoy se conoce como “La Isidra” y que tiene una de las vistas más espectaculares que podamos imaginar, ya que se puede ver, entre otros, toda la costa asturiana y el Macizo Central de los Picos de Europa. El Soplao es uno de los monumentos geológicos más grande del mundo, pero también es la ocasión para conocer el entorno geominero y natural en el que se encuentra.

Por otro lado, la cueva de Altamira, Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, fue descubierta por un cazador en 1868. Desde entonces ha sido estudiada por los prehistoriadores más importantes de las épocas posteriores, después de establecer que pertenecía al Paleolítico. Sus pinturas retratan los hábitos de caza de la época y se pueden contemplar las pinturas polícromas, los grabados, las pinturas negras, rojas y ocres que representan a los animales con figuras antropomorfas y dibujos abstractos y no figurativos.

Es considerada la mayor expresión del arte rupestre y calificada como “la manifestación más extraordinaria de este arte paleolítico”. Las pinturas y los grabados de la cueva se encuadran en los períodos Magdaleniense y Solutrense, es decir en la época del Paleolítico Superior en la Europa Occidental. Así se puede asegurar que la cueva se utilizó durante varios períodos de tiempo llegando a los 22.000 años de ocupación.

La cueva de Altamira tiene un régimen de acceso al público muy restringido, por el desarrollo del Programa de Investigación para la Conservación Preventiva, cuyo objetivo es establecer establecer si se puede compaginar su conservación con las visitas del público. Aun así, todas las semanas hay un grupo de cinco personas que pueden entrar en la cueva, acompañadas por un guía del museo.

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Imagen | Graeme Churchard

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