La experiencia en un ALSA Supra, relato de una viajera

Hace pocos días una conocida viajó por primera vez en uno de nuestros Supra, y quisimos que nos contase con sus propias palabras qué le pareció la experiencia. Esto es lo que nos cuenta:

“Viajar está cargado de romanticismo, siempre pensamos en esos grandes viajeros que descubrieron áreas s salvajes, conquistaron terruños y se encontraron con civilización donde parecía imposible.

Pero el día a día suele ser bastante distinto, atascos, huelgas, espacios pequeños donde vamos todos como sardinas y errores humanos que te dejan sin pasta de dientes ni ropa durante varios días.

No existe el transporte perfecto, hasta que no consigamos teletransportarnos como la tripulación de Star Trek  tendremos que seguir sufriendo en mayor o menor medida estas incomodidades que van asociadas a viajar. Aún así, se ha avanzado mucho en las últimas décadas y algunos servicios han hecho el esfuerzo de mejorar la calidad de la experiencia del viajero a un precio razonable.

Creo que es el caso de los autobuses SUPRA de ALSA. Por lo general evito cualquier trayecto que no tenga alternativas de transporte en otro medio. Es pensar en autobús y recordar esos viajes en verano a La Manga, en los que la mitad de la gente iba fumando y la otra media obligando a alguien a escuchar los detalles de su vida, con las ventanillas bajadas como aire “acondicionado”. Vamos un horror de viaje, llegabas a la playa y te ibas poniendo malo a medida que se acercaba el momento de volver.

Pero los autobuses como los aviones o los trenes, se han modernizado.

El lunes viajé a Gijón en un Supra y desde que me subí hasta que me bajé no paré de sorprenderme. ¿¿Azafata?? Cuando nos dio la bienvenida y comentó que tanto el chofer como ella estaban a nuestra disposición durante el viaje, pensé en aviones. Casi esperaba que nos contase dónde estaban las salidas de emergencia o cómo ponernos el chaleco reflectante.

Esa fue la primera sorpresa, pero hubo más. 30 minutos después nos preguntó si queríamos un café, agua, refrescos…esa fue una pregunta constante. La paleta que una lleva dentro se preguntó si me iba a cobrar, pero no, estaba todo incluido. Así que el resto del viaje estuve más hidratada que si hubiese estado dentro de una piscina.

A pesar del café y las galletas (sí también había galletas y bollitos) me quedé dormida, ya había visto SHREK 3 y los sillones de cuero eran tan grandes que mis piernas entraban perfectamente. Volví al país de los vivos cuando empezaron a repartir sándwiches y Coca Colas, oye la verdad es que si te despiertan así no molesta tanto.

Lo que sí falló un poco fue el tema del Wifi, hubo momentos que quise twittear y ni wifi ni el 3G de Orange, en medio de la montaña lo único que había ere verde por todas partes. Fue una ocasión para alejarme a ratos de la pantalla del teléfono y disfrutar del paisaje, de vez en cuando tampoco está mal.

Otra de las cosas que me sorprendió fue lo de la cámara de las maletas. Mientras hacíamos parada exprés en Oviedo se veía mi maleta por la pantalla del autobús, no es que sea un plus para mí, pero hay mucha gente desconfiada que le gusta tener su equipaje bien controlado.

Al rato estábamos entrando en Gijón, fin del viaje. Valoración: un 8 alto, nada mal para ser autobús.

Como detalle curioso la estación de Gijón de ALSA, que han conservado fiel a la original y parece sacada de un capítulo de Cuéntame.