Besos a través del cristal en el 2º relato del concurso “Cuéntanos y participa”

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¡Seguimos con los relatos ganadores del concurso del pasado mes de junio ‘‘Cuéntanos y Participa’’! Un concurso en el que os invitábamos a enviarnos un relato sobre un viaje, con la posibilidad de ganar varios premios: una Smartbox y dos vales de 100€ para compras en El Corte Inglés.

Ya anunciamos a los ganadores, y publicamos el primer relato ganador del concurso: el romántico viaje de Beatriz González de Mingo, que se hizo con el primer premio del concurso. Y ahora vamos con el segundo ganador, que se ha llevado un vale de 100 € para comprar en El Corte Inglés: ¡muchas felicidades, Mónica Rodríguez!

“Un viaje de mil millas ha de comenzar con un simple paso”

Es extraño. Hay quien podría considerarlo mágico y hay quien no lo entendería. Pero así es: los momentos más dulces, más bonitos, más amargos, más desoladores y más intensos los he vivido en una estación de autobuses. Este gran y ambiguo abanico de sentimientos confrontados no cumple más que un tópico en el que cientos de parejas —¿Qué cientos? ¡Miles de ellas!—están atrapadas.

Y se resume en aquella distancia, aquella caprichosa y juguetona distancia que a menudo te recuerda lo muy difícil que es tener a la persona que más quieres lejos de ti.

Roberto Trm – Tangueros

Roberto Trm – Tangueros

Recuerdo su primera visita a la perfección. “Alsa número 8, procedente de Madrid Estación Sur; Alsa número 8, procedente de Madrid Estación Sur” Me repetía esas palabras una y otra vez, tratando de concienciarme de que sí, aquel maravilloso bus traería consigo al muchacho del que me había enamorado irrevocablemente aquel verano que tan lejano parecía. Y allí estaba yo con mis dieciocho años, situada en frente de su plataforma, en los bancos corridos de la estación de Valladolid. Al verlo bajar del bus 8 procedente de Madrid Estación Sur, sentí cómo el pecho me explotaba de alegría, cómo la distancia había quedado reducida al mínimo exponente.

Y, tras ese, se sucedieron miles de encuentros un mes tras otro, durante varios años y las despedidas se convirtieron en un amargo ritual de miradas rehusadas, de lágrimas contenidas y abrazos en el último momento. De besos que se lanzaban a través del cristal del bus, que no permitía el paso del frío, de la arena o de la lluvia, pero sí dejaba pasar el beso, para que el otro pudiera atraparlo y sonreír. De frases mudas rescatadas del movimiento de unos labios y de miradas de complicidad con las personas que, consternadas, alzaban sus manos para despedirse también de los suyos desde abajo.

Pero no son las únicas historias que he vivido gracias a Alsa… Como aquel Alsa transbordo que tras un año me trajo de vuelta a mi hermana de su Erasmus. Creo que estuvimos abrazándonos hasta que la estación se quedó vacía por completo. ¡O de aquella ida a Ponferrada, de aquel campamento de niños minusválidos al que acudí como voluntaria! Fue tan, tan bonito que está en el baúl de mis más preciosas memorias coexistidas con Alsa.

Y la verdad, al principio solo piensas en el destino, durante el trayecto te impacientas y te remueves en el cómodo asiento de tela… pero mes tras mes aprendes a disfrutar del proceso. Te paras a mirar alrededor, a aquellas personas que viajan contigo, todas diferentes, todas con sus propias historias, aunque mismo destino. Imaginas: “¿Dónde irán después? ¿Qué les deparará su llegada?” Incluso a veces me aventuraba a jugar a quién era vallisoletano y quién madrileño en toda aquella oleada de gente; quién iba y quién volvía…

A disfrutar del proceso mirando por aquellos amplios ventanales, paseando la vista por el horizonte o echando carreras con las gotitas de lluvia que de cuando en cuando repiquetean sobre el cristal…

A evadirte –que a veces también es muy necesario—con una buena película en las pantallas o el WiFi gratuito que a veces facilita un: “¡Ya casi llego!”…

A cerrar los ojos y dejarte llevar por la música de los cascos, dejando volar la imaginación…

Emiliano - Partenze a Termini

Emiliano – Partenze a Termini

Alsa es ya una vieja amiga, una compañera que me ayuda a burlar la distancia, y para nosotros, al igual que supongo muchas personas más, ha supuesto un rayito de esperanza. Viajar por un precio tan asequible para dos jóvenes como nosotros que no tienen más recurso que las muchas ganas de verse; viajar aportando en todo momento seguridad, afecto y confianza; viajar sabiendo que llegarás a tu destino tanto tú como tu equipaje y que abajo estarán aquellos familiares brazos para recogerte con bastante frecuencia, tanta que con otro medio de transporte más caro sería imposible. Eso es viajar.

Yo apuesto por Alsa y siempre apostaré por ella… Porque Alsa apostó primero por nosotros dos, cuando nadie más lo hacía.

Hasta aquí el relato de Mónica, ¡enhorabuena, y esperamos que os haya gustado! Próximamente publicaremos el último relato clasificado y ganador del tercer premio.

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